“Aprendimos que debemos autocuidarnos”

Este es el testimonio de Isabel Cristina Macías, coordinadora de Epidemiología, predicción de infecciones y seguridad del paciente de la Clínica CES.

Todo iba normal hasta que llegó la pandemia. A partir de marzo, las unidades de cuidados intensivos (UCI) subieron de 10 a 30 y se dedicaron a pacientes covid, mixtos y no-covid (de 10, 12 y 8 camas, respectivamente), debido a su alta tasa de letalidad. Suena sencillo decir “aumentemos camas de UCI”, pero no es así. Requiere equipos, personal, dinero y entrenamiento, porque es una unidad crítica y hay que estar encima de los enfermos. A parte de las UCI está el área de hospitalización, con otras 175 camas y una unidad de cuidado intermedio respiratorio, con 15 más.

Hasta marzo, la principal patología en vigilancia en salud pública fue por intentos de suicidio e intoxicaciones. Luego de la pandemia comenzaron a ser por covid-19. El pico máximo fue de 24 a 30 notificaciones (pacientes que ingresan como sospechosos) al día; ahora estamos entre 10 y 15 que les tomamos la muestra por coronavirus. A finales de julio y principios de agosto fue el pico de infectados por esta enfermedad. Muchas decisiones se tuvieron que tomar en ese momento. En esas fechas llegamos a tener 75 pacientes simultáneos, además de los enfermos de especialidades como cardiología, cirugía general, medicina interna u ortopedia.

Lo que queda después

Hemos aprendido varias cosas. Por un lado, siento que la pandemia nos ha enseñado a trabajar en equipo. El éxito en la atención de un paciente requiere trabajo articulado, más si es de UCI. Por otro lado, pudimos adelantarnos. Alcanzamos a ver cómo llegaba el virus primero a China, Europa, Norteamérica y, finalmente, a Latinoamérica, lo que nos ayudó a prepararnos mejor ante la crisis. De manera que, cuando llegó la ola, tuvimos que tomar decisiones rápidas que fueron efectivas.

Mirando las cifras, ahora conocemos que la letalidad en Antioquia es más baja que en el país –del 2,2 frente al 3,3 nacional–, por lo que sabemos que nos hemos preparado frente a las camas y los puestos de atención primarios. Además, hemos desarrollado capacidad de adaptación.

En el Comité de Crisis que hacíamos diariamente (hasta hace 15 días), analizábamos la covid-19 a nivel mundial, nacional, regional y local para tomar decisiones basados en indicadores. Así fue que subimos de 10 a 30 camas en UCI. También aprendimos más del autocuidado. Parece que nuestra labor es cuidar al otro y a veces se nos olvida que debemos proteger al personal de salud.

En la Clínica se han contagiado enfermeros, auxiliares, médicos y personal administrativo, quienes curiosamente fueron los primeros infectados debido a que el virus está circulando en la comunidad. De esta manera, aprendimos que el riesgo de enfermarse puede ser mínimo si se hacen todos los procedimientos de desinfección: lavado de manos, uso de mascarilla y elementos de protección personal, aislamiento. No obstante, también entendimos que, aunque apliquemos todas las medidas y disminuyamos el riesgo, siempre el virus va a existir; por lo menos, es lo que nos ha dicho hasta ahora la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Lo pienso cada que me veo con mi esposo y mi hija, que tiene 10 años. Siento que las medidas drásticas de aislamiento pueden ser más traumáticas que efectivas. Desde que comenzó la pandemia tomamos medidas de precaución, pero nunca me alejé de ellos. Trato de que ella lleve una vida normal y le hago énfasis en el autocuidado. Sabemos que en algún momento tendrá que volver al colegio y hablar con sus amigos.

No sabemos hasta cuándo estaremos con el virus, dependerá del comportamiento de cada individuo el que no aumente el número de muertes. La experiencia y convivencia con él me ha enseñado que, aunque puede ser letal, son muchos más los recuperados. También tengo la certeza de que, aunque estoy en riesgo, no tengo temor.

Este ha sido el reto más grande a nivel profesional y personal. En seis meses hemos atendido más de 1.300 pacientes de los cuales 500 han dado positivo y 52, fallecido. Lo damos todo para ayudar a un paciente… aunque sepas que la vida siga, que tienes una hija pidiendo tiempo y un esposo que te espera.